Un día y Una noche cualquiera

viernes, 14 de noviembre de 2008

 

Últimamente ando un poco decepcionado, la calma siempre precedida por la tempestad.
Y es raro que en las etapas que quemamos en la vida no tengamos alguna mas compleja que otra.
Y así comienza el día, uno como cualquier otro con el alba a punto de terminar, la luz entre las nubes grises procediendo del astro Rey, aún las luces de la ciudad alumbran el ensordecedor ruido del silencio nocturno; de la laguna dormida , el despertar suave del ratonero que en lo alto de las ramas otea el horizonte del espejo maculado del agua y el murmullo del roce de las cañas , buscando su comida.
Los ánades rompen el silencio con sus graznidos inconfundibles, el canto del petirrojo, los mosquiteros y los carrasqueos de la curruca y el colirrojo comienzan a orquestar el nacimiento del nuevo día.
Entre las nubes grises, amenazantes con rociar la tierra con su húmeda descarga, sin miramientos, tan solo rotas por la entrada de alas desemplumadas de acero descortés que sin dudas de ningún tipo perturban mis oídos, acostumbrados a una natura digamos mas suave en sus notas.
Esa sinfonía suena a derrota, a muerte lenta; sin remisión de vida, no existe el perdón para lo que nació de la tierra. El progreso se alimenta de ella y de nada sirven sus avisos, sus bípedos hijos llenos de usos de razón designan el destino al que se le debe someter.
La laguna refleja el brillo de unos rayos de sol que entre las nubes se filtra, deja que ilumine candidamente con su calor el despertar de cormoranes, garzas y demás seres vivientes de este teatro mortecino.
Espectáculo que pocos por no decir uno, comparten con su interior; lo saborean poco a poco con deleite; esperando que algún otro día no pueda tener la ocasión de verlo de nuevo. Es la condena a un preso que se le promete eternamente vida; pero con el fin de que llegue vivo a su muerte.
Que no desaparezca por su decisión propia, sino por la mano del asesino destino a que el hombre le ha sentenciado.
No es el único que el egoísta proceder de mis congéneres, ha decidido su cruel destino; no puede la mano del hombre integrar su progreso al de la natura que le dió vida y cobijo.
La inteligente razón de quienes se llaman a si mismos la especie más poderosa del Planeta, no distingue entre ellos y el resto; incluso sus hermanos son apartados si van en contra de sus intereses; quien no compare su parecer esta condenado a coexistir con el mismo lamento del día que hoy vi nacer.
ya salió el sol, el día comienza; los atestados caminos del hombre lo conducen al trabajo, llenos de ruido y humo; llenos de una tediosa rutina que como las hormigas cada día realizan en pro del progreso y de sus imperiosas necesidades de aumentar lo que llaman fortuna.
En el cielo comienzan a llegar las durmientes garcetas, que en alguna vereda del río que lleva el liquido elemento hasta la laguna debieron pasar la noche oscura.
La oropendola grita entre el bosque de eucaliptos y los pitos le contestan; avisando de la presencia del vicio humano que levanta el cuchillo letal con el que aplasta la belleza de un dia cualquiera después de la noche dormida bajo la luz de la luna.
Y como cada día que despierto con el sonido alegre del amanecer del parque Natural "Urbano" del Remolar termino mi sueño de que dure el dia completo al tronar de los motores de algún viajero de los cielos que irá a saber a donde pero que muchos no quisieran que retornaran nunca.

"Unos pensamientos tristes, en una mañana gozosa".

Ante todo respetad la Fauna, una foto no vale la pena si la hemos conseguido siendo partícipes de la desaparición de una especie, bien definitivamente por pérdida de sucesivas generaciones, bien del lugar donde las vimos porque se marchen a otros lugares. Ellos están en su casa, no los molestes, por favor ¡¡¡


© Rafael Gómez Morte

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